Cuidar las Plantas de Interior Barcelona Cataluña
Unos consejos básicos para cuidar las plantas de interior, son los cuidados que en su mantenimiento sean más específicos de lo normal. Para la manutención de las plantas de interior se deben tener en cuenta la luz, la humedad, la tierra y la temperatura…
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Cuidar las Plantas de Interior
Luz
Hay que evitar la luz directa del sol, aunque sí necesitan el máximo de luz indirecta. En las horas centrales del día se pueden sacar a la terraza o a la ventana, pero no hay que olvidar volver a meterlas a la caída del sol. Para un crecimiento homogéneo conviene ir girándolas siempre en dirección a la luz. Se puede reforzar la iluminación a través de tubos de luz artificial, si bien es necesario controlar cuidadosamente la potencia e intensidad de éstos. Una luz difusa es la más adecuada, aunque hay que tomar la precaución de no situar las lámparas muy cerca para que no abrasen las hojas.
Aire
El aire en el interior de los hogares suele ser seco y las plantas necesitan cierta humedad y estar en entornos con temperaturas entre 12 y 20o C. En general, hay que evitar la sequedad o los cambios bruscos de temperatura, así como las corrientes. Además, hay que tener presente que las plantas de interior absorben mayor cantidad de oxígeno en la oscuridad que a plena luz y dentro de las habitaciones más que al aire libre. Por todo ello, es conveniente limpiar el polvo que puedan acumular en las hojas.
Tierra
Antes de plantar se prepara bien con sustrato vegetal, mantillo o humus y arena, a partes iguales. Una vez al año se deberá renovar total o parcialmente para conservar su fertilidad. Si se quieren mantener las plantas de interior verdes y con sus hojas en buen estado, en su composición deberá haber mayor cantidad de humus.
Agua
La mayoría resiste perfectamente algunos periodos de sequía. De hecho, el exceso de riego es una de las principales causas de la mortalidad de las plantas cultivadas en recipientes. El riego se debe realizar con agua a temperatura ambiente e incluso con agua de lluvia si fuera posible. A lo largo del invierno, los riegos se pueden espaciar (una vez por semana será suficiente). En cambio, cuando hace más calor se puede regar diariamente si se considera necesario.
Abono
Debe realizarse sobre la tierra ligeramente húmeda, ya que así se evitará que las raíces sedientas absorban enseguida el abono líquido y que éste queme la planta. Hay que tener cuidado con la proporción porque la escasez de abono agota y empobrece la tierra, mientras que su exceso produce una coloración verde anormal y una floración casi nula. Hay que empezar a fertilizarlas cuando se observen los primeros brotes, haciéndolo primero cada quince días y, posteriormente, cada semana.
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Hay que evitar la luz directa del sol, aunque sí necesitan el máximo de luz indirecta. En las horas centrales del día se pueden sacar a la terraza o a la ventana, pero no hay que olvidar volver a meterlas a la caída del sol. Para un crecimiento homogéneo conviene ir girándolas siempre en dirección a la luz. Se puede reforzar la iluminación a través de tubos de luz artificial, si bien es necesario controlar cuidadosamente la potencia e intensidad de éstos. Una luz difusa es la más adecuada, aunque hay que tomar la precaución de no situar las lámparas muy cerca para que no abrasen las hojas.
Aire
El aire en el interior de los hogares suele ser seco y las plantas necesitan cierta humedad y estar en entornos con temperaturas entre 12 y 20o C. En general, hay que evitar la sequedad o los cambios bruscos de temperatura, así como las corrientes. Además, hay que tener presente que las plantas de interior absorben mayor cantidad de oxígeno en la oscuridad que a plena luz y dentro de las habitaciones más que al aire libre. Por todo ello, es conveniente limpiar el polvo que puedan acumular en las hojas.
Tierra
Antes de plantar se prepara bien con sustrato vegetal, mantillo o humus y arena, a partes iguales. Una vez al año se deberá renovar total o parcialmente para conservar su fertilidad. Si se quieren mantener las plantas de interior verdes y con sus hojas en buen estado, en su composición deberá haber mayor cantidad de humus.
Agua
La mayoría resiste perfectamente algunos periodos de sequía. De hecho, el exceso de riego es una de las principales causas de la mortalidad de las plantas cultivadas en recipientes. El riego se debe realizar con agua a temperatura ambiente e incluso con agua de lluvia si fuera posible. A lo largo del invierno, los riegos se pueden espaciar (una vez por semana será suficiente). En cambio, cuando hace más calor se puede regar diariamente si se considera necesario.
Abono
Debe realizarse sobre la tierra ligeramente húmeda, ya que así se evitará que las raíces sedientas absorban enseguida el abono líquido y que éste queme la planta. Hay que tener cuidado con la proporción porque la escasez de abono agota y empobrece la tierra, mientras que su exceso produce una coloración verde anormal y una floración casi nula. Hay que empezar a fertilizarlas cuando se observen los primeros brotes, haciéndolo primero cada quince días y, posteriormente, cada semana.
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